Ambientación



El Edificio Central de la Academia para Pilares de Calpea se alzaba majestuoso sobre los bravos mares de Stambha, apoyado en la más grande de las islas flotantes de Jādu. Sus altísimas paredes blancas, techos azulados, detalles en dorado y escaleras de mármol darían la sensación de que pertenecían a un adinerado rey, si no fuese porque la Academia era demasiado gigantesca como para que cualquier monarca pudiese de costearla como castillo.
Calpea bullía de actividad día y noche, tanto de aquellos que allí estudiaban o enseñaban, como de sus propios residentes. Porque sí, esta no era solo una maravillosa casa de estudios, sino también una suerte de ciudad. Calpea, cada año, alojaba a miles de personas y criaturas provenientes de todas las esquinas de los cientos de mundos que al suyo tenían acceso.
Entre las instalaciones de la Academia en el Edificio Central, se encontraban: las salas de clase; diversos gimnasios de entrenamiento, adaptados para las muchas razas que allí estudiaban y sus respectivas actividades; auditorios, en donde se llevaban a cabo grandes reuniones y conferencias; lugares para comer, como cafés, casinos y restaurantes para todos los gustos; zonas de entretenimiento, y gigantescos jardines. Además, en las alas Este y Oeste del Edificio Central, grandiosos edificios servían de habitaciones para el personal de la Academia, quienes, en su mayoría, allí vivían.
En el corazón de la Academia-Ciudad, ocupando la plaza central, se alzaba el Mercado, en donde todo aquel que quisiera podía vender sus invenciones y objetos que ya no necesitaban, siempre y cuando obtuviese previamente un permiso por parte del Comité que administraba la regulación de la zona comercial. En el Mercado, solo se podían utilizar Calps, moneda manejada por la Academia, y que solo servía en territorios de Calpea. Esta era, además, la única que a los alumnos se les permitía poseer mientras estudiasen en la Academia.
Los territorios de la casa de estudios se extendían más allá del Edificio Central y de la misma Calpea. A su alrededor, como sostenidas por manos invisibles, levitaban por sobre las olas cientos de otras islas más pequeñas, sirviendo como instalaciones y formando parte del campo de estudios. En ellas se encontraban, por ejemplo, las Habitaciones que alojaban al alumnado.
Sin embargo, no todas las islas pertenecían a la Academia, ni eran pacíficas. Según más alejada estaba del Edificio Central, mayor era la posibilidad de ataques enemigos y de hostilidad de la región, debido a la menor protección que el escudo otorgaba al Edificio Central y las tierras más cercanas. Muchos de estos terrenos eran utilizados como zonas de entrenamiento por los alumnos con más experiencia, e incluso por los profesores.
En cualquier caso, ¡bienvenido seas a la Academia para Pilares de Calpea! Esperamos disfrutes tu estadía.
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